Juan Antonio García Delgado

De manera insólita el presidente Trump –quien parece haber perdido el juicio ante el la situación crítica que enfrenta su economía y el imparable crecimiento de China y de los BRICS– arremete ahora contra sus propios ciudadanos. Suelta a sus provocadores del ICE (Servicio de Control, Inmigración y Aduanas) que golpean y asesinan, lo mismo a inmigrantes que a estadounidense. Y nadie dice nada, mientras el mundo permanece atónico.

Pareciera que su intención es únicamente crear pánico colectivo para expulsar indocumentados. Pero su objetivo es más perverso: provocar a la población mediante esos asesinatos esperando respuesta armada para que él pueda justificar la salida a las calles del ejército y aplicar la Ley de Intervención de 1807, que creará una situación de excepción, prohibiendo protestas y suspendiendo elecciones.

Es la misma estrategia que siguió el 7 de enero de 2023 su buen amigo, el criminal de guerra Benjamín Netanyahu, cuando grupos armados de Hamás atacaron sorpresivamente a civiles y militares de Israel matando a 1600 personas. Como evidenció The New York Times el 1 de diciembre de ese año, el gobierno de Israel estaba perfectamente informado de todos los planes del terrorista grupo Hamas, pero permitió que ocurrieran para justificar la ocupación más territorios palestinos, la expulsión de los gazatíes de la franja y el genocidio que ha causado 76 mil muertos y 166 mil heridos. Y nadie dice nada. Pero Netanyahu se pudo mantener en el poder, desvió la atención sobre las acusaciones de corrupción y soborno que pesaban en su contra desde 2019 y sobre las protestas masivas contra su reforma judicial.

Lo que busca Trump es una respuesta violenta ya sea del Partido Panteras Negras o de algún sector de la población indignada ante lo que ocurre, con lo cual él tendría un apoyo radicalizado de sus seguidores y la justificación ideal para suspender derechos y garantías constitucionales mientre se reelige. Así, eludiría el riesgo de que su partido sea rechazado masivamente en las urnas en las próximas elecciones, con lo cual todas sus propuestas quedarían truncadas. Ya se negó a reconocer su derrota en las urnas en 2020, ya ordenó asaltar el Capitolio en 2021. ¿Por qué no podría crear una situación crítica para garantizar su reelección de manera indefinida, como su amigo Netanyahu, o como el comediante Zelensky en Ucrania?  Ya declaró en Davos ante el silencio del mundo: “soy dictador, pero a veces hacen falta los dictadores” (23.01.26).

No son nuevas las operaciones de falsa bandera por parte de Washington. Lo hicieron en 1898 frente las costas de Cuba, cuando agentes estadunidenses provocaron una explosión hundiendo el barco norteamericano Maine, matando va alrededor de 250 marines. Estados Unidos culpó a España y con ello inició una guerra para quedarse con la isla. El 7 de diciembre de 1941 la aviación japones atacó sorpresivamente a las tropas estadounidenses estacionadas en el puerto de Pearl Harbor, Hawái, matando a mil 400 soldados y dejando más de mil heridos. El ataque japonés no era desconocido por el presidente Roosevelt, que así pudo entrar a la Segunda Guerra Mundial, como lo deseaban industriales, políticos y militares.   

Lo que estamos observando en Norteamérica es el ascenso de un nuevo nazi-fascismo. No sabemos si será derrotado con una respuesta masiva en las urnas o se imponga mediante la violencia. Lo que estamos viendo son las mismas prácticas que aplicó Adolfo Hitler en la Alemania de 1933. El incendio provocado por los nazis en el Reichtag (parlamento alemán) para justificar la dictadura y la persecución de comunistas y judíos con el fin de culparlos por la crisis y el desempleo, e iniciar la invasión países que le permitió permanecer en el poder desde 1933 hasta 1945.

La persecución de inmigrantes culpándolos de el desempleo y la carestía es un hecho; las tácticas de terror contra la población, se intensifican; las amenazas de invadir Cuba, Panamá, Canadá y Groenlandia están a la orden del día dependiendo del estado de ánimo de Trump.  No es descabellada la hipótesis del comentarista Jesús Escobar: Donald Trump pretende invadir Canadá y Groenlandia, con el fin de crear un megaterritorio que compita, en extensión, con sus rivales de pesadilla: Rusia y China.

Tiene amenazado al mundo, rompe con todas a leyes y reglas de convivencia internacional, chantajea a todos los países con ilegales alzas arancelarias, especialmente a aquellos que se atreven a contravenir sus exigencias; asalta buques en alta mar, bombardea embarcaciones asesinado a sus tripulantes sin ningún juicio de por medio, secuestra a gobernantes y amenaza otros. Y lo más sorprendente: nadie dice nada ante la barbarie que estamos presenciando. ¿Dónde están los organismos de Derechos Humanos, el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya? ¿Dónde está la ONU, el organismo que fue creado en 1948 para evitar nuevas guerras en el mundo y permanece mudo ante los actos de Trump?

Fue “necesario” el asesinato de dos buenas personas por las hordas del ICE para detonar una gigantesca movilización de la sociedad en ciudades estadounidenses. Renée Nicole Good era escritora y poeta. Trump afirmó que la mujer, que regresaba de dejar a sus hijos a la escuela, eran una “activista radical lunática” que puso en riesgo la vida de un patriota. Lo videos muestran eso es mentira. El enfermero Alex Petti murió cuando trataba de defender a una mujer de las agresiones del ICE con su celular en una mano y con la otra, tratado de cubrir los golpes de los policías. El gobierno se apresuró a declarar que el joven estaba armado y amenazaba a los agentes. Una vil mentira ante las evidencias. 

Como Hitler, Trump ha creado su propia Gestapo. Los 22 mil hombres reclutados por el ICE son todos blancos, con salarios de 135 mil dólares, unos 2 millones 307 mil pesos al año. Todos atacan con odio a migrantes y a ciudadanos estadunidenses que protestan en las calles. Muchos de ellos fueron reclutados de entre las turbas ultranacionalistas que atacaron el Capitolio aquel 6 de enero de 2021.

Los demócratas están paralizados y agotaron sus propuestas para sacar a Estados Unidos del a Crisis. Sólo Obama ha levantado la voz, pero él expulsó más migrantes que el mismo Donald Trump. Perece que serán nuevos dirigentes y nuevos partidos los que estén a la altura de la situación crítica en que se encuentra Norteamérica, antes de que su líder presidencial provoque un estallido bélico mundial que lo fortalecería, o una guerra civil que podría derrocarlo.

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