Mientras Claudia Sheinbaum convocaba a la unidad nacional, a la defensa de la soberanía y al cierre de filas frente a lo que considera intentos de injerencia extranjera en los asuntos internos de México, un grupo de políticos tamaulipecos le dio la espalda, a su patria y a la presidenta.
La senadora Maki Ortiz, su hijo el alcalde de Reynosa, Carlos Peña Ortiz -quien ganó por Morena-, así como los diputados federales Mario López “La Borrega”, Adrián Oseguera, Casandra de los Santos y Olga Juliana Elizondo estuvieron ausentes del acto realizado en Ciudad Victoria, donde miles de tamaulipecos se congregaron para escuchar el mensaje presidencial con motivo del segundo aniversario del triunfo electoral de Claudia Sheinbaum.
Y no se trataba de cualquier evento.
No era una gira ordinaria, o un informe presidencial ni una ceremonia protocolaria más. Se trataba de un evento histórico con el mensaje político más importante pronunciado por la presidenta en los últimos meses. Un discurso construido alrededor de una idea central, la defensa de la soberanía nacional frente a presiones externas, campañas de desinformación e intentos de influir en las decisiones que corresponden exclusivamente a los mexicanos.
Por eso las ausencias pesan.
Porque mientras el gobernador Américo Villarreal encabezaba en Tamaulipas una demostración de respaldo político a la presidenta y prácticamente todo el morenismo estatal acudían al llamado, hubo quienes desdeñaron la invitación de la comandanta suprema de los Estados Unidos Mexicanos.
Lo cual no será perdonado ni olvidado por la mandataria ni por la historia, ya que durante su mensaje, Claudia Sheinbaum lanzó advertencias que no pueden ser ignoradas por quienes forman parte del movimiento que la llevó a la Presidencia de la República.
“Desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales”, afirmó.
No habló únicamente de oposición electoral. Habló de campañas organizadas, de operaciones de desinformación, de cuentas falsas, de robots y de intereses nacionales e internacionales que, según su visión, buscan erosionar a su gobierno y debilitar el proyecto de transformación respaldado por millones de mexicanos.
Cuestionó directamente si determinados sectores de Estados Unidos tienen un interés genuino por ayudar a México o si pretenden influir en los procesos políticos nacionales.
“¿Es realmente un interés genuino por ayudar a México? ¿Es realmente un interés legítimo para combatir a la delincuencia organizada? ¿O quizá estamos viendo cómo sectores de la derecha estadounidense utilizan a nuestro país para posicionarse rumbo a sus elecciones? ¿O acaso pretenden influir en la elección de 2027 en nuestro país?”, preguntó ante miles de asistentes.
Y enseguida lanzó la frase que terminó convirtiéndose en el emblema político de la jornada: “México no es piñata de nadie”.
Sin duda, una declaración de principios sobre independencia, autodeterminación y soberanía nacional.
Más adelante fue todavía más contundente.
“Cuando desde el exterior se dicta quién es culpable y quién no, cuando se busca presionar a nuestras instituciones desde afuera, cuando se normaliza la idea de que otro país puede intervenir en asuntos que sólo corresponden a los mexicanos, ya no estamos hablando de cooperación, estamos hablando de injerencia”.
Ese era el contexto, el mensaje ,el momento político que se vivía en todo el país.
Por eso la ausencia de este grupo de políticos tamaulipecos adquiere una dimensión distinta. Porque no se ausentaron de un acto cualquiera. Se ausentaron del principal llamado presidencial a defender la soberanía nacional y a cerrar filas frente a presiones externas.
Y la pregunta inevitable es por qué ¿Por qué no estuvieron?
¿Por qué no acompañaron un mensaje que, en teoría, debería ser compartido por cualquier integrante de Morena?
¿Por qué decidieron mantenerse lejos justamente cuando la presidenta pedía unidad?
Las interrogantes se vuelven todavía más legítimas cuando se recuerda que dos de las ausentes, Casandra de los Santos y Olga Juliana Elizondo, votaron en contra de la reforma electoral impulsada por la propia presidenta. Primero marcaron distancia en el Congreso. Después marcaron distancia en el terreno político.
Cada quien sabrá las razones de su ausencia. Pero también cada quien tendrá que asumir las consecuencias políticas de haberle dado la espalda al momento más importante de unidad convocado por Claudia Sheinbaum en lo que va de su gobierno. La fotografía quedo tomada y los ausentes se quedaron en el lado incorrecto de la historia.